Tal vez la más famosa de las anécdotas del Manco es la de "El Loco Maradona". No sabemos por qué preferimos este relato a los demás. Quizá sea el ambiente en que lo contó la primera vez. Pero no quiero adelantar nada. He aquí los hechos tal y como ocurrieron:
Estábamos en la parada de un colectivo, recuerdo que era el 106. Hacía muy poco que conocíamos al Manco y no sabíamos nada de sus talentos ocultos para hacernos cagar de risa. Nada hasta esa noche.
La primer carcajada fue cuando un grupo de chicos pasaban por la vereda contraria: "Guarda, guarda, nos atacan los Skinheads", gritó el Manco y corrió a esconderse detrás de un flete que se encontraba estratégicamente ubicado al lado de la parada. Ahora que lo pienso mejor, en esta ocasión no estallamos en risas ya que nos pareció deplorable ver a nuestro nuevo amigo escondiéndose detrás de las ruedas de una camioneta. "Perdoname, pero... ¿sos pelotudo?" le pregunté sin ninguna malicia.
- No - me contestó jadeando de miedo - lo que pasa es que esos tipos ven a un morocho y van y lo cagan a piñas.
Mi amigo, obviamente, se estaba muriendo de risa. "Es un tarado", decía cada vez que le daba el aire, "está re loco este chabón".
El Manco, ante esta no muy sería acusación de demencia, salió de su escondite y con un acento terriblemente grave nos dijo:
- No, no soy yo quien está loco. El loco es Maradona...
La manera enigmática en la que dijo semejante estupidez nos causó un nuevo ataque de humor. Cuando paramos de reírnos de su infinita idiotez continuó con su relato.
- En mi barrio - nos dijo - hay un manicomio y, a veces, a los locos que están más cuerdos los dejan salir a dar una vuelta. Pero hay uno que esta muy hecho mierda y que igual lo dejan salir. Le dicen "el loco Maradona", simplemente porque se cree Maradona - suspiró y meneó la cabeza - Hubo una vez en que yo estaba con mi vieja y mi hermano en la iglesia. El cura, un viejito pelado y muy tranquilo, dirigía la santa misa sin inconvenientes. Pero, de pronto, se abrieron las puertas de par en par y entró corriendo el Loco Maradona que se tiró al piso y se deslizó de rodillas hasta el altar al grito de "gooooooooool de Maradona". Fue increíble la transformación del cura: se puso rojo y empezó a respirar muy fuerte. Casi sin inmutarse se limitó a levantar el brazo derecho y a apuntar a la puerta con su inmaculado dedo. "Salí, Maradona" fue todo lo que dijo.
Guardó silencio unos segundos.
- Unos días más tarde - prosiguió - me lo encontré en la placita y le pregunté por qué había hecho eso. "Por la pasión" se limitó a contestar al mismo tiempo que se acercaba y me decía al oído: "Tenés que tener cuidado de no garcharte a una mujer embarazada, porque el bebé te muerde la cabeza de la poronga pensando que es un chupete". No volvimos a vernos nunca más.
Conclusión del relato: Ninguna. Sólo que desde ese día le perdí por completo el respeto.
2 comentarios:
jajajaj
demasiado bueno, ya se me habia olvidado lo del bebe...
a mi se me habian olvidado el 90% del contenido de estos relatos.
buen aporte, marky.
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